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Star Wars: ética y estética tecnológica

Los visionarios son capaces de concebir el futuro en el presente; es más: lo materializan, lo hacen deseable y parte de una cultura, una economía. Grandes empresas de tecnología han basado en la magia mercantil del futuro la mayor parte de su historia (Apple, SpaceX, Google, Amazon, Tesla Motors). No sólo entregan soluciones: crean necesidades.

En eso se parecen Steve Jobs y George Lucas, por ejemplo. El objetivo de ambos no fue únicamente solucionar apuros del consumidor, sino, incluso, imaginarlos. Mientras el primero hacía la computación asequible a todos, el segundo hacía de la ciencia ficción un estilo de vida y una cultura que aspiraba a transgredir el estatus quo por medio de la tecnología.

Jobs y su equipo permitieron que la computación llegara al hogar; Lucas y compañía, que imaginar la vida cotidiana atascada de tecnología, pareciera factible y codiciado.

Los dos plantearon escenarios inexistentes para su época y los llenaron de cosas que los demás no sabían que incluso consumirían como si de algo tan vital como el agua se tratara; es decir, hicieron de una idea, una realidad integrada a la vida cotidiana.

Ver al horizonte significa innovar o mejorar la calidad de vida de las personas. A pesar de aceptar la sabiduría de Yoda, Luke Skywalker, en la célebre saga Star Wars, toma sus propias decisiones. Aprende de su maestro, mas no dice que sí a todo. George Lucas anticipa una máxima de sí mismo y la cultura técnica y mecánica que hoy rige a innovadores, ingenieros y emprendedores que trazan el destino tecnológico:

Luke: No puedo creerlo.
Yoda: Por eso hacerlo no has podido.

El visionario pone la primera piedra para la invención de un nuevo mundo y se rodea de expertos para llevar sus empresas al éxito; mas sigue su propio camino cuando su intuición y convicción lo señalan: escucha las advertencias e igualmente toma riesgos. De ahí que Star Wars sea capaz de penetrar hoy en día la consciencia de quienes tiene afición por imaginar (y construir) el futuro por medio de cables, robots, análisis de data y software.

La Fuerza del diseño y la tecnología

La saga de Star Wars generó un fenómeno de consumo y de expectativas que han orillado a los tecnólogos actuales a admitir en sus películas al Julio Verne del mercado contemporáneo, sobre todo en diseño industrial y diseño de experiencias con los aparatos que nos rodean. Pero, ¿cómo pasó esto?

George Lucas buscó a los mejores artistas visuales de la época para la producción de Star Wars. Se inspiró en los modelos de naves espaciales que Brian Johnson hizo para la serie Space: 1999 (Reino Unido, 1975-1977) y lo contrató para los episodios V (1980) y VI (1983) de la saga.

2001: Odisea en el espacio (1968) influenció a George Lucas. Varios de los colaboradores de Stanley Kubrick trabajaron en el arte de Star Wars, como Stuart Freeborn, quien realizó los simios de 2001… y las criaturas de la primera trilogía de Star Wars. Las semejanzas han sido señaladas por Torie Atkinson.

Comparación entre escenas de 2001: Odisea en el espacio y Star Wars.
Izquierda: Escena de 2001:Odisea en el espacio. Derecha: Escena de Star Wars.

El común denominador en ambos filmes es el minimalismo. Para John Powers, la descripción de minimalismo que ofreció Clement Greenberg encaja perfectamente con Star Wars: “todo es rigurosamente rectilíneo o esférico. El desarrollo de una pieza dada usualmente es la repetición de la misma forma modular, que puede o no variar en tamaño”.

Hay algo en sus formas que dan la sensación de escenarios futuristas, pues. Natalie Cecire, de la Universidad de Sussex, opina que “señalar que las rejillas, blancos suaves, superficies metálicas y la negativa de ornamentación no son nuevos, pierde de vista el hecho de que todavía significan novedad”.

Imaginamos un futuro minimalista, pulcro y eficiente. Cualquier adorno es exagerado sólo por no resultar funcional. No es de extrañar que una retrospectiva de artistas de 1958-1968 del MoCA se haya titulado A minimal future?

Otras cosas sucedían al unísono. Apple, bajo el comando de Jobs, trabajó en computadoras que debían verse como se imaginaba el futuro. El resultado: diseño de productos únicos.

Computadora Apple Macintosh 128k.
Computadora Apple de 1984. Los diseños tienen cada vez blancos más suaves.

Apple llegó a este punto de la mano de reconocidos diseñadores industriales, como Jon Ive, que se caracterizan por sus diseños minimalistas. Las formas lisas, brillantes y con pocos adornos nos parecen más futuristas, como los stormtroopers, los sables láser y el diseño de las naves espaciales vistas a lo lejos.


El presente tecnológico, con ciclos de optimización anuales o semestrales, es lo más parecido que tenemos al futuro: lo esperamos a corto y mediano plazo. Nuestros smartphones ya funcionan con inteligencia artificial que responde a nuestros comandos de voz, como un C3PO. Nada casual que el androide dorado haya sido escogido por Waze para dar las indicaciones a sus usuarios.
Hoy contamos con herramientas de inteligencia artificial que nos ayudan en variedad de tareas, incluyendo diagnósticos médicosYa están a la venta robots aspiradoras, unas trabajadoras diligentes como R2-D2. La computación cuántica y la biorobótica continúan su perfeccionamiento y prótesis parecidas a las de Luke Skywalker ya podrían ser nuestras manos. Pronto esa galaxia lejana de George Lucas no nos será tan extraña.

Brazo robótico real y mexicano.
Brazo biónico hecho por Probionics, empresa mexicana.

Mano cyborg de Luke Skywalker.
Brazo biónico de Luke Skywalker.

Las bases para construir ese mundo fantástico planteado por la ciencia ficción parecen estar dadas. Tenemos la automatización de múltiples tareas, desde máquinas expendedoras hasta drones que hacen entregas a domicilio.

La mitología tecnológica

El imaginario de George Lucas incidió en la cultura de consumo tecnológico y en las propias aspiraciones de los consumidores: su estética respondía a una forma de ver el mundo en el presente, pero con vistas a la perseverancia en un futuro muy, muy lejano.

Los precedentes visuales de su plástica conducen a un mismo fenómeno: traducir en una mitología los sueños de los ingenieros, futurólogos y creadores de nuevos instrumentos electrónicos para mejorar la calidad de vida.

Los protagonistas y personajes secundarios se dedican, durante todas las películas, a construir aparatos, repararlos, tunearlos, analizar Big Data, optimizarlos y utilizarlos para hacer el bien o el mal. Todos parecen tener conocimientos de robótica, mecánica y análisis de datos en distintas lenguas y lenguajes cifrados. Anakin Skywalker, Luke Skywalker y la nueva protagonista de Star Wars: The Force Awakens, Rey, comprenden el valor de crear, enmendar y perfeccionar los instrumentos que les ayudan a lograr sus cometidos.

La tecnología, la ingeniería, la robótica y los desarrollos se integran a la vida cotidiana como si se tratara de lo más normal del mundo. El Lado Oscuro de la Fuerza tecnológico, conduce a emplear estos mismos avances como método de represión. Se usa para someter. Algo contra a lo cual se enfrentan todos los días nuestros inventores y relatores de soluciones tecnológicas actuales.

La ética de esta estética, es que la tecnología es para todos. Y que, en el mejor de los casos, ayuda a resolver los problemas más antiguos (como un wearable que te avisa cuándo ir al baño).

El camino del héroe que narra Star Wars –afincado en el mito añejo que atiende Joseph Campbell en El héroe de las mil caras y Georges Dumezil detecta en El destino del guerrero– está determinado por la capacidad de los protagonistas de luchar contra las máquinas de destrucción masiva y la búsqueda de sometimiento por parte de quienes tienen en sus manos el control y la infraestructura.

La resistencia enfrenta al uso del software y hardware con intenciones egoístas (el lado oscuro); los cypherpunks (el lado de la luz) buscan crear métodos de cifrado para proteger la comunicación de los individuos, por ejemplo. Elon Musk, el CEO de Tesla Motors, busca crear un venture para desarrollar Inteligencia Artificial de código abierto y evitar el control de la tecnología por un solo corporativo. El lado oscuro yace en los corporativos que frenan el progreso; el lado de la luz descansa en las startups y las empresas que abogan por la innovación como único horizonte empresarial.

Por eso la forma de concebir el mundo que tienen los ingenieros en sistemas, desarrolladores de hardware, inventores de aparatos y emprendedores de TI, se ve más emparentada con Star Wars que con Star Trek. La primera es un universo amigable con quienes quieren hacer tecnología y usarla, y el segundo es un mundo de científicos que exploran el universo usando sólo la tecnología para adquirir conocimiento. El primero es un mundo de acción; el segundo, de investigación.

La tecnología puede servirnos para coartar nuestra libertad. Los primeros drones fueron diseñados con fines bélicos, por ejemplo. La información que se comparte por la red es monitoreada en una especie de Big Brother.

Los riesgos del propio avance tecnológico (expansión de un Imperio con armas de destrucción masiva y un gran ejército profesional) son un peligro real; incluso la posibilidad de que una corporación centralice todo.

Tanto Anakin como Luke Skywalker se caracterizaban por su habilidad de crear, reparar y mejorar sus propios gadgets. Ambos personajes de George Lucas son una excelente alegoría de los rumbos que pueden tomar las innovaciones. Pueden ayudarnos para cumplir nuestras tareas, o para controlarnos.

Apple es hoy en día la empresa más valiosa en el mundo, mientras que Star Wars es una de las más rentables franquicias con una gran variedad de productos temáticos.

Bueno, en realidad no ha sido como cualquier idea de negocios. Tanto Star Wars como Apple crearon una necesidad. Como la electricidad o el teléfono, irrumpieron en el mundo y transformaron nuestras expectativas del futuro.

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